La práctica del andinismo no es solo un ejercicio, es un deporte que brinda libre esparcimiento, a la vez que forja en quien lo experimenta, su templanza, decisión y máxima responsabilidad, para ser dueños de sus actos, enseñando a reconocer y respetar sus propios límites. Sumado a la insuperable posibilidad de disfrutar de esta primitiva actividad en un ambiente puro, situado en el medio de extraordinarios paisajes. El terreno de juego, la montaña, es un ámbito de gran exigencia, donde la sanciones que aplica la naturaleza son ineludibles.

Transgredir los propios límites no solo atañe graves consecuencias, inclusive puede poner en juego la vida propia y arriesgar la de quien nos acompaña. Casi todas las variables de este juego son previsibles, dependiendo del grado de experiencia, sentido común e inteligencia de quien lo practica. Pero tenemos situaciones que no son previsibles, pero si son manejables, al contar con un buena técnica, experiencia suficiente y equipamiento adecuado. Todo esto, acompañando siempre de un correcto entrenamiento y un acabado conocimientos en el tema. Tampoco debemos olvidar, la existencia de eventos que son previsibles pero no son manejables, como el clima (tormentas, aludes, accidentes, etc.), donde la experiencia y el conocimiento, son las armas válidas para evitarlos y buscar resguardo a tiempo. Así podemos afirmar que el estar en el lugar correcto, en el momento preciso, con el equipo adecuado y con el compañero apropiado, es un indicador que las cosas se han hecho bien, usando la inteligencia y la experiencia propia o adquirida a través del conocimiento. Recuerde que en la montaña usted esta solo, ante su propia iniciativa, donde pasa a ser ineludiblemente, el artífice de su destino.

Mal de Altura

Los signos de mala adaptación a la gran altura suelen aparecer a partir de los 2.500 a 3.000 m de altura. Afectan en su mayoría a aquellas personas que no habitan en esas altitudes. El principal factor que favorece la aparición del Mal Agudo de Montaña (MAM) es la velocidad de ascensión, y las condiciones en que se realizan. Se consideran que los signos de mala adaptación aparecen 6 a 12 horas después de haber alcanzado la gran altura y permanecer en ella.

Ante todo, es vital reconocer que no es un defecto. Si no solamente, un síntoma de mala aclimatación a la altura, el cual no debería ser ocultado ni desconocido por ningún andinista. Algunas personas pueden creer que el agotamiento es signo de debilidad o falta de entrenamiento, hecho que los puede motivar a ocultar este insidioso mal. Otros, tratarán de culpar a la incomodidad de la carpa que no les permite descansar, al cambio de alimentación o al esfuerzo realizado durante esa jornada. Pero es un deber, reconocer que aún los más grandes escaladores han experimentado o sufrido esta afección. Así tenemos que una persona de cada dos es afectada por el MAM y una de cada cien puede presentar complicaciones graves (edema pulmonar de altura o edema cerebral de altura).

Reacciones del Cuerpo

La persistencia prolongada a grandes alturas provoca trastornos digestivos (anorexia y dispepsias) y metabólicos (balances calórico y proteico negativos); el resultado es una pérdida de peso, variable de 0,5 a 2 Kg por semana, en un comienzo por lipólisis y a partir de los 10 días por pérdida de masa muscular. Este déficit ponderal tarda en recuperarse,hasta unos 3 meses después del ascenso.Otras complicaciones potencialmente peligrosas son:

Hemorragias retinianas de altura, la trombosis venosa y las psicosis de altura, peligrosas en su entorno agresivo donde los errores se pagan con la vida.
Edema pulmonar: se caracteriza por sensación de ahogo y respiración ruidosa. Los labios y uñas se ponen cianóticas (azulados); hay tos, que suele estar acompañada de expectoración espumosa, a veces rosada. Este cuadro frecuentemente se presenta durante la noche, después de haber culminado una jornada de esfuerzos intensos o desacostumbrados. Recuerde mantener al enfermo, con estos síntomas, siempre en posición sentada.
Edema cerebral: se caracteriza por astenia o debilidad extrema y presencia de vómitos en chorro. El dolor de cabeza es intenso, “insoportable”, que no mejora con aspirina, ni con otros analgésicos. Existe dificultad para mantenerse la estabilidad, aparecen vértigos y trastornos de la conducta. El coma se instaura rápidamente. A veces, no hay dolor de cabeza, sino simplemente un gran cansancio, o trastornos del equilibrio. Ambos casos son graves y es prioritario el descenso urgente de la víctima, o en su defecto, la introducción en una Cámara Hiperbárica. Esto permite que el enfermo mejore su condición, hasta la hora del traslado a cotas más bajas.

Prevención

La mejor profilaxis contra el Mal de Montaña es el cumplimiento estrictode las normas de aclimatación, con un ascenso a ritmo lento y controlado. Respetando las recomendaciones de los expertos del lugar. Si en esta temporada está en sus planes incursionar en el andinismo de altura, tenga presente los cuatro factores esenciales que pueden determinan la aparición del peligroso e indeseable Mal Agudo de Montaña, el que puede ser responsable de frustrar su expedición:

Velocidad de ascensión, tome todo el tiempo necesario para que su cuerpo se aclimate a la altura.
Altitud alcanzada, no ascienda demasiado de prisa a alturas extremas, como media 200 metros por al día, al sobrepasar los 3.500 metros.
Duración de la estancia en altura, no permanezca más de lo estrictamente necesario en alturas extremas.
Susceptibilidad individual, factor no ponderable inherente a cada persona.

Recuerde siempre: Todo malestar o síntoma en altitud, debe ser considerado “a priori” como una falta de aclimatación.

Recuerde que cuando asciende por arriba de los 3.500 m lo acechan las “cuatro hipo”:
Hipoxia: falta de oxígeno
Hipoglucemia: falta de glucosa
Hipotermia: falta de calor
Hipohidratación: falta de agua

Está en usted reconocer su presencia y arbitrar los medios para que no compliquen su estadía en la altura, a través de una correcta prevención.