Vida Silvestre en Aconcagua

La reserva está comprendida dentro de la provincia fitogeográfica Altoandina. Al tratarse de un ecosistema de extrema elevación y bajas precipitaciones, que lo torna un clima muy riguroso, la biodiversidad es baja. Sin embargo, las especies animales y vegetales que allí habitan son de particular interés, demostrando notables adaptaciones a la vida de altura y concentrándose hacia las partes más bajas del parque.

La vegetación que predomina son los pastizales abiertos de altura de huecú y coirones con áreas limitadas de matorrales arbustivos bajos como la leña amarilla, la yareta y el cuerno de cabra. En general, la vegetación está adaptada a soportar bajas temperaturas, suelos pobres y las tormentas de nieve y viento, casi desapareciendo por encima de los 4000 m. Todo esto es lo que le da su aspecto achaparrado y de matas que crecen en cojín. Existen vegas donde se acumula agua y crece otro tipo de vegetación que soporta largos períodos de congelamiento del suelo.

Las especies animales más típicas son el cóndor, el águila mora, los ratones de montaña, la agachona y el zorro colorado, destacándose una especie de sapo y una de lagartija (lagarto cola de piche), ambas típicas de la montaña. Las vegas y arroyos son frecuentadas por chorlos, churrines y el pato del torrente, hábil nadador. Existen grandes manadas de guanacos acechadas por el puma, el mayor predador. Las liebres europeas son muy abundantes, siendo un animal exótico asilvestrado en la región.

Como una adaptación al clima frío, las especies animales son en general de tamaños grandes, que les evita la pérdida de calor del cuerpo. Los mamíferos poseen un pelaje suave y denso que los abriga. Otras especies, como guanacos, pumas y zorros tienen la capacidad de emigrar a regiones más bajas cuando el clima es adverso como las nevadas invernales; este es el caso del cóndor y el águila mora. Los ratones de montaña que no pueden viajar largos trayectos, se refugian en sus cuevas durante el invierno.